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Parte del éxito de un predio agrícola, está en la planificación de seguridad hídrica.

Isabel Celedón - 01 de agosto 2022


El agua ha sido siempre y seguirá siendo, fuente primordial para todo proyecto de desarrollo agrícola, sin embargo, la industria aún no ha generado la conciencia suficiente sobre la importancia que significa la planificación de sus fuentes de abastecimiento. En cierta medida, puede deberse a que en Chile históricamente nunca ha existido un cobro asociado al agua de regadío, principalmente sobre fuentes superficiales, sino que en la medida que se tienen los derechos de aprovechamiento, se abren las compuertas y el agua se “deja correr”.


Y es justamente cuando esta no corre, o no en la cantidad suficiente, que se encienden las alarmas y se reacciona frente al problema, el cual, siendo cada vez más recurrente, no ha generado un rol proactivo de los agricultores con respecto a la seguridad de las fuentes de agua que utilizan para su regadío. “La creciente sequía, de 10 años en la zona central y de 15 en la zona centro norte, ha dejado en evidencia que esta falta de planificación puede tornarse en un problema mayor para los agricultores que no han planificado sus fuentes de abastecimiento. De norte a sur, los principales ríos como el Elqui, el Limarí y el Choapa, han disminuido su reparto a caudales bajo el 30% del derecho, llegando a valores bajo el 10% como es el caso del río Choapa. Frente a este escenario, o se busca una fuente alternativa o necesariamente se comienzan a sacrificar algunos cuarteles de plantaciones”, comenta Diego Carpentier, Gerente de Hidrogestión Ingeniería.


Existen diversas alternativas para poder tener agua disponible y aumentar los recursos en los predios agrícolas, como recurrir por ejemplo al agua subterránea. Los valles principales de la zona central tienen un potencial de agua subterránea importante, que permitiría hacer un cambio de fuente -superficial por subterránea- y dar seguridad de servicio a los proyectos agrícolas. De igual modo, existen hoy herramientas legales que permiten ese cambio, dado que en un territorio declarado como Zona de Escasez Hídrica se permite presentar una solicitud de extracción temporal de aguas subterráneas, justificando hasta un 50% de los derechos de aprovechamiento que posea el solicitante y que no pueda ejercer. Otras alternativas de inversión en seguridad hídrica corresponden a la desalinización de agua, construcción de obras para mejor aprovechamiento de recursos superficiales, revestimiento de canales y tecnificación de riego, entre otros. En los últimos años, Hidrogestión se ha especializado en asesorías sobre Planificación de Seguridad Hídrica para los agricultores, principalmente desde el mejor aprovechamiento de las aguas subterráneas. “Nos encontramos con muchos proyectos donde ya se han construido uno o más pozos que no dan el agua suficiente, porque se han analizado desde una mirada práctica, como su cercanía a tranques, caminos, la accesibilidad de maquinara o la actividad de los cuarteles de cultivo, sin analizar realmente dónde se encuentra el recurso ni cuál es la seguridad de este en el tiempo”, comenta Carpentier.


La realización de estudios hidrogeológicos y análisis de seguridad hídrica previos a la ejecución de un proyecto agrícola, permiten conocer dónde se generan las profundidades máximas del acuífero del sector, los lugares por donde han pasado sus flujos, así como sus proyecciones de caudal en relación a la demanda del proyecto, permitiendo maximizar el rendimiento y economizar la inversión de una nueva fuente de agua subterránea. “Hoy existen herramientas GIS y antecedentes como estudios geofísicos de terreno, datos de pruebas de bombeo de pozos cercanos, información disponible en bibliotecas digitales de datos de estaciones fluviométricas y pluviométricas a lo largo del país y cartas geológicas e hidrogeológicas, entre otros, que permiten proyectar cómo será la oferta hídrica de un predio, incluso considerando escenarios de cambio climático. De esta manera, es posible saber con mayor seguridad la disponibilidad hídrica y el tipo de cultivos que permite mi predio y, en base a esa planificación, desarrollar las obras que le entreguen seguridad hídrica al proyecto agrícola”, explica Diego.


Uno de los proyectos emblemáticos realizados por la consultora es el del Tranque El Retorno, donde el estudio hidrogeológico de determinación de nuevas fuentes permitió recuperar el tranque y duplicar el área plantada del proyecto agrícola, con seguridad de servicio de mediano a largo plazo. Así, un predio que estaba regando del orden de 100 hectáreas, pasó a regar más de 200.



Destacan también los recientes estudios solicitados por el Banco Internacional para la evaluación de terrenos agrícolas en el Valle del Aconcagua. “Para este cliente se realizó un estudio hidrológico de las fuentes superficiales y subterráneas en las zonas de Putaendo y la segunda sección del río Aconcagua, así como un estudio legal, para determinar la situación actual y futura sobre la oferta hídrica del predio. Además, se realizó un estudio agrícola que permitió determinar la demanda hídrica del proyecto. En base a estos análisis, se desarrolló un balance hídrico que estableció la capacidad del proyecto agrícola, la cual resultó exitosa incluso en el largo plazo, considerando una serie de desarrollos en infraestructura, como tecnificar el riego y construir nuevas fuentes de aprovechamiento de agua subterránea”, relata Carpentier.


Actualmente se está realizando otro estudio similar para un predio en la comuna de Alhué en la Región Metropolitana, donde los caudales del estero han ido disminuyendo considerablemente puesto que, al ser una cuenca que nace en la Cordillera de la Costa, no cuenta con el respaldo de glaciares.


Un estudio hidrogeológico completo con geofísica y el diseño de las nuevas obras de captación demora del orden de 4 a 6 semanas y la construcción de obras, como por ejemplo la construcción y habilitación de pozos, entre 2 a 3 meses. “La ventaja es no terminar gastando más de lo que se pronosticó por querer ahorrar en el principio de un proyecto. Quedar sin agua de un año para otro, significa perder plantaciones y capacidad de producción, lo que siempre va a ser más caro que haber planificado para maximizar la utilización de recursos hídricos que pueda tener el predio”, recalca Carpentier.


Si bien hoy se observa un leve aumento en la profesionalización y planificación de la industria agrícola, ha sido necesario enfrentar una de las peores épocas de sequía de la historia reciente para empezar a preocuparse de este recurso fundamental. Como siempre, los más afectados son los pequeños y medianos agricultores, que normalmente no tienen la capacidad y recursos de planificación y van quedando cada vez más fuera de las soluciones con sus campos, llegando a tener que vender sus terrenos por no haber asegurado el recurso a tiempo y no recibir el apoyo suficiente por parte de las Organizaciones de Usuarios o del Estado, que les permita continuar con su actividad productiva o de subsistencia.



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